欧浪新闻 · 2026/4/8 · María Antonia Sánchez-Vallejo
Contradicciones e hipérboles: las distintas guerras de Donald Trump en Irán
La amenaza de destruir el país queda en suspenso, como otros avisos anteriores, en medio de frecuentes contradicciones sobre la marcha del conflicto
Contradicciones e hipérboles: las distintas guerras de Donald Trump en Irán La amenaza de destruir el país queda en suspenso, como otros avisos anteriores, en medio de frecuentes contradicciones sobre la marcha del conflicto La guerra de Donald Trump contra Irán se ha visto jalonada por una sucesión de contradicciones sin freno.
El republicano ha refutado en numerosas ocasiones sus propios anuncios y promesas, a menudo en un plazo de días e incluso horas: sobre su objetivo real en la guerra (¿cambio de régimen o impedir que Irán tenga armas nucleares?) y sobre la duración de esa ofensiva (de cuatro o cinco semanas, luego a tres, posteriormente a dos y hoy sine die) que ha lanzado a instancias de Israel y con operativos que lejos de ser conjuntos, a veces han discurrido al albur, sin que el otro socio bélico hubiese sido informado.
Lo único cierto es que transcurrido un mes de guerra, esos objetivos se han multiplicado y con frecuencia contradicho entre sí.
Hace una semana, Trump afirmó que el conflicto no tenía nada que ver con el petróleo; acto seguido, publicó que EE UU debería “apoderarse del petróleo y hacer una fortuna”, poniendo como ejemplo a Venezuela.
También dijo que la guerra estaba prácticamente terminada, pero, simultáneamente, amenazó —en un discurso a la nación el pasado 1 de abril— con semanas de ataques intensificados contra las infraestructuras iraníes.
Ese discurso resumió a la perfección lo que parece una muestra de inhibición política —la sospecha, cuando no la constatación, de que esta guerra no se va a ganar— ante la resistencia de Irán: el discurso fue una sucesión de titulares conocidos, privado de novedades, solo un poco más ordenado, casi guionizado, con todas sus proclamas anteriores, habitualmente publicadas en su red Truth Social.
Es más, en un plazo de 48 horas, pasó de decir a otras naciones que ellas mismas podrían reabrir el estrecho de Ormuz una vez que Estados Unidos se retirara, a insistir en que Washington podría hacerlo “fácilmente”.
Luego ha vuelto a dejar en manos de las naciones interesadas la autogestión para lograr transitarlo.
No es nada nuevo: a lo largo de estas seis semanas se ha repetido, no se sabe si por azar o por incompetencia, la misma falta de ilación que en las primeras 48 horas de la guerra, cuando Trump sugirió consecutivamente —sin que en la secuencia temporal hubiese un correlato de lógica— que su objetivo era el cambio de régimen para, poco después, asegurar que su meta era impedir que Teherán se dotase del arma nuclear.
Lo mismo puede decirse de la duración aproximada de la guerra: si el segundo día habló de cuatro o cinco semanas, 24 horas después advertía de que ese lapso podía ampliarse porque Estados Unidos tenía “la capacidad de continuar mucho más tiempo”.
Hoy, la aceptación de Washington del alto el fuego de dos semanas mediado por Pakistán para ejecutar su amenaza, parece indicar que el calendario es voluble y, en manos de Trump, especialmente relativo.
Que el presidente se...