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La voz que puso esperanza al dolor en Almería: “Lo mejor era cuando me daban las gracias”

María Luisa Callejón, una maestra de inglés jubilada, atendió a centenares de llamadas de familiares y amigos que preguntaban con preocupación por sus seres queridos ante el ava...

La voz que puso esperanza al dolor en Almería: “Lo mejor era cuando me daban las gracias”

La voz que puso esperanza al dolor en Almería: “Lo mejor era cuando me daban las gracias” Incendio en Los Gallardos María Luisa Callejón, una maestra de inglés jubilada, atendió a centenares de llamadas de familiares y amigos que preguntaban con preocupación por sus seres queridos ante el avance del fuego “Atención a familiares, dígame”.

Estas fueron las primeras palabras que escucharon los centenares de personas que el pasado viernes llamaron durante todo el día al teléfono facilitado por Cruz Roja para preguntar sobre familiares y amigos con los que todavía no habían podido contactar tras conocerse el peligroso incendio en Los Gallardos, en Almería.

Y detrás de esa voz, estaba la persona.

La encargada de responder a todas esas llamadas fue María Luisa Callejón, una maestra de inglés jubilada residente de Mojácar, que lleva siete años colaborando con Cruz Roja y a pesar de que el viernes fue su cumpleaños, no dudó en asistir al puesto de mando cuando se lo solicitaron a primera hora y pasarse 12 horas “dando esperanza a la gente que buscaba a familiares y amigos”.

Una evacuada por el fuego en Los Gallardos: “Si se ha quemado mi casa, lo habré perdido todo” El tacto era fundamental: la gente se rompía y tu no te podías romper” “Cuando me llamaban preguntaba el nombre, la edad, el apellido y cuándo fue la última vez que hablaron con las personas que buscaban”, relata a La Vanguardia, y asegura que las llamadas que recibió eran de todas las partes y perfiles posibles: “Me llamaron vecinos, amigos, de consulados, sobre todo del Reino Unido, de Australia y de muchos otros sitios”.

“También me movilizaron por mi conocimiento de inglés, ya que muchos de los que contactaban eran extranjeros”, afirma.

En algunas ocasiones, María Luisa Callejón asegura que fue duro contestar a ciertas preguntas y que en muchos casos “la gente se rompía y tú no te podías romper”, recuerda, subrayando que “el tacto y la mano dulce eran fundamentales”.

“Recuerdo el caso de un hombre mayor que me llamó por si sabíamos algo de una señora y tuve que decirle con las mejores palabras que estaba ingresada en Sevilla.

Me temía que estaba hospitalizada de gravedad por quemaduras, pero tampoco es necesario dar tanta información en ciertos casos”, destaca.

Otras de los centenares de llamadas que recibió a lo largo del viernes, cuando se confirmaron los 12 muertos en Los Gallardos y también se habló de una veintena de personas no identificadas, y que rememora especialmente fueron “la de una niña que lloraba por su padre y su abuela, que no sabía dónde estaban” o “el caso de una mujer que no encontraba a su nieto y tenías que consolarla y animarla”.

“También es duro cuando apuntas en la lista un nombre que no conoces, pero luego ves una fotografía y sabías quién era”, lamenta.

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