欧浪新闻 · 2026/7/14 · Orfeo Suárez

Los chicos del coro toman la Bastilla de las estrellas

El respeto por España del que hablaba Didier Deschamps se parecía más al miedo que apuntaba Lamine Yamal, porque la pelota era de la selección. Como siempre. Como en 2010.

Los chicos del coro toman la Bastilla de las estrellas

Los chicos del coro toman la Bastilla de las estrellas Crónica Una España inolvidable pone de rodillas a Francia y jugará la final por segunda vez en su historia Tres semifinales, tres derrotas España es la gran pesadilla de la Francia de Mbappé Sala VOR Una España contra los miedos de todo un país: son los mejores y lo saben El respeto por España del que hablaba Didier Deschamps se parecía más al miedo que apuntaba Lamine Yamal, porque la pelota era de la selección.

Como siempre.

Como en 2010.

La profundidad que España tuvo en la Eurocopa, cuando entraba en el área como una daga en la carne para abrir en canal a la aristocracia del continente, no era la misma, quebrado Nico Williams y en progresión Lamine.

Había, pues, que volver a los orígenes, a la posesión no sólo como arma ofensiva, también defensiva.

Francia la temía más, incluso, de lo que debería, porque la había sufrido, en la Eurocopa, en la Liga de Naciones o hasta en los Juegos Olímpicos de París, en su santuario.

Si lo del Campo de los Príncipes fue como profanar el Panteón, Dallas ha sido la toma de la Bastilla, en un 14 de julio que acabó por ser fiesta nacional en las plazas de España, con banderas a las que, hoy, nadie mira con desdén.

Como nunca.

Como en 2010.

Para organizarse alrededor del balón es necesaria la boya.

Es una norma de la física del fútbol.

Había que encontrar, pues, al mediocentro, a Rodri, perdido en el arranque de este Mundial, lento, desubicado, después de una temporada en la que regresaba de una larga lesión.