欧浪新闻 · 2026/6/9 · Leyre Iglesias
Y alguien dijo algo bueno de España al fin
Los diputados y senadores aplaudieron ayer largamente a León XIV antes de que subiera a la tribuna y más aún cuando terminó. Solo algunos descansaron pronto las manos, como...
Y alguien dijo algo bueno de España al fin Todos ovacionaron largamente a León XIV, que rescató a la Escuela de Salamanca y defendió el valor de la palabra y la convivencia.
Ni Óscar Puente protestó Visita El independentismo impulsa un boicot al Papa por no hablar "más catalán" durante su visita a Barcelona Pontífice El 'galáctico' León XIV pone en pie a un Bernabéu entregado al Papa: "Esto ha sido un golazo para siempre" Religión El Papa llama desde la Almudena a "derribar los muros que dividen" para "restaurar el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia" Los diputados y senadores aplaudieron ayer largamente a León XIV antes de que subiera a la tribuna y más aún cuando terminó.
Solo algunos descansaron pronto las manos, como Enrique Santiago, Gabriel Rufián, Mertxe Aizpurua o, con ostentación buscada, Carlos H.
Quero, el joven lepenista de Vox.
Hay quien se preguntaba qué hacía un líder religioso hablando ante las Cortes de un país europeo, pero la pregunta se resolvió con rapidez.
No solo porque en el engalanado hemiciclo viéramos a representantes de la izquierda insobornable comportándose con más papismo que el de Prevost.
Ni siquiera por la altura de pensamiento que exhibió su telonera, Francina Armengol.
Más bien fue porque el invitado dio un buen discurso.
Discutible, como es lógico, pero sólido, sereno y con ambición intelectual.
Y eso, aquí y ahora, es una excentricidad.
El Papa no habló para los suyos en su lenguaje, sino para todos, intentando racionalizar las ideas cristianas, traducirlas para la sociedad.
No abroncó a las abortistas, a los ancianos que piden la eutanasia, a los homosexuales ni a las parejas que usan preservativos.